La primera vez que escribí algo en serio tenía 13 y lo guardé en una carpeta del cel con nombre falso para que nadie lo abriera. Era un cuento malísimo sobre una niña que hablaba con la lluvia. Lo borré como a la semana porque me dio pena. Si pudiera, le diría a esa Regina que no borrara nada, que todo lo feo que escribes es práctica y que nadie nace sabiendo. Por eso escribo esto: para la chava que ahorita tiene una nota en el teléfono que no se atreve a enseñar.
La pena no se va, aprendes a escribir con ella encima
Me cansé de esperar el día mágico en que iba a sentirme escritora de verdad. Ese día no llega. Lo que sí funciona es bajarle a la expectativa. Yo empecé escribiéndole textos a una amiga como si fueran mensajes y ella ni sabía que eran cuentos. Si te da miedo que te lean, escribe primero para una sola persona de confianza. La pena se hace chiquita cuando dejas de imaginar a un público gigante juzgándote.
Hábitos que sí me funcionaron
No tengo rutina de escritora con café y vela aromática, eso es mentira de redes. Lo que hago es más simple y aburrido, pero sirve.
- Escribir 10 minutos al día aunque salga basura. Pongo cronómetro y ya.
- Cargar una libreta barata para apuntar frases que escucho en el camión o en la escuela.
- Leer cosas que no me dejan de tarea. Si te gusta algo, róbale el ritmo y aprende de cómo lo hizo.
- Guardar todo, hasta lo malo. Después te ríes y a veces ahí estaba la buena idea.
Tu primer borrador no tiene que ser bueno, solo tiene que existir.
Dónde publicar sin pedirle permiso a nadie
Esto es lo mejor de ser de esta generación: no necesitas que una editorial te diga que sí. Yo subí mis primeros capítulos a Wattpad con un nombre que no era el mío y nadie de mi salón se enteró. También puedes abrir un blog gratis, meterte al taller de tu escuela aunque te dé hueva al principio, o mandar a concursos juveniles. La revista Punto de Partida de la UNAM recibe textos de gente joven, y hay certámenes de literatura juvenil con jurado de verdad. No pasa nada si te rechazan: mandas a otro.
La crítica y el famoso esto no sirve
Una vez una compañera leyó un poema mío y dijo cringe en voz alta. Lloré en el baño, no voy a mentir. Después entendí que su opinión no era una sentencia, era solo su gusto. La crítica útil te dice qué cambiar; la otra solo quiere que te calles. Aprende a separar las dos. Y cuando la voz en tu cabeza te diga que lo que escribes no sirve, acuérdate que esa voz también le habló a todos los autores que admiras. Escribir a los 15 no es esperar a ser grande para empezar. Es empezar ahorita, mal, y seguirle.